Fui lo que creí, soy lo que está pasando.
Se hace difícil dar inicio a un blog en el que se va a desarrollar el fin
de una etapa. Hoy me pongo a escribir las primeras líneas recordando ese primer
año lleno de incertidumbres, de miedos, por no saber que me esperaba en el
comienzo de esta hermosa carrera que elegí o que me eligió a mí; las cosas se
van sucediendo mágicamente y muchas veces se presentan delante de uno dando un
giro inesperado en la vida, así me paso con el profesorado de Lengua y
Literatura.
El motivo de empezar a estudiar fue el amor que siento por la literatura,
y las ganas de transmitir esa pasión a
una nueva generación, me resultó atractiva. Pero se me presentaba
constantemente un problema, la idea de ser profesora me generaba un escalofrío
inmenso en mi cuerpo y mi mente. No tener la certeza de cómo afrontar el aula generaba y aún hoy
genera en mí muchos temores; pero me gustan los desafíos y por eso seguí
recorriendo este camino de formación que en pocos meses daré por finalizado.
Como dice Cerati: “me perdí en el
viaje nunca me sentí tan bien”, un viaje en que conocí personas
maravillosas y en que me encontré con sujetos de la educación con una novedad,
son nativos digitales, vengo de una educación demasiado tradicionalista, y
aunque no pasó mucho tiempo, diez años marcan una diferencia abismal con la
enseñanza en las escuelas secundarias hoy;
lo que me resultó provocativo. Ahora comprendo porque elegí esta
profesión, no voy a estar sola para transmitir mis saberes sino que voy a tener
en cada aula grupos de alumnxs que me van a enseñar a entrar a este mundo
digital y en ese vínculo pedagógico trataremos de reinventarnos todo el tiempo.
El mundo digital nos ayuda a captar la esencia del adolescente de hoy,
conocer la música que escuchan, los
deportes que practican y los libros que leen, nos da una pauta de cómo ir
construyendo las clases; conocer sus gustos e intereses es de suma importancia
para afianzar la relación con los sujetos de la educación.
Creo importante darle la palabra al alumnx, abrirle un espacio más
participativo en el aula, porque estamos frente a una generación que se
arma y desarma constantemente, nosotros necesitamos prestarles atención, como dice
Antelo: “mientras voy construyendo este
trabajo me construyo a mí mismo”.
El transcurso de mi formación docente me permitió ver que nuestro trabajo
va más allá de una transmisión de saberes. Con un título no se resuelve
todo, hay que perfeccionarse todo el
tiempo para no quedarse en el medio de la nada.